¡Dedicado a Nuestro Planeta Tierra!

Todos los 22 de abril, desde 1970, se “celebra” el Día Internacional de la Madre Tierra con la idea de crear conciencia sobre sus recursos y el uso que de ellos, hacemos. Eso me puso a pensar un poco en los movimientos ecologistas y tengo algunas ideas sueltas que quiero compartir:

Cuando nadie sabía qué era la capa de ozono y mucho menos imaginábamos el gran hueco que en ella se abriría, los sprays estaban a la orden del día y se usaban para todo, (lacas en las peluquerías, ambientadores para el hogar con el aburrido olor a lavanda, el “apresto favor” para plancharle las camisas al marido, porque con eso quedaban como recién sacadas de la tintorería, y el baygón para los bichos indeseables). En ese entonces éramos antiecológicos y no lo sabíamos. Recuerdo que donde yo vivía, la basura se tiraba en bolsas de plástico por un bajante, y todo desembocaba en un cuartico de aseo ubicado en la planta baja del edificio; de allí la sacaban y se la llevaban a no sé donde en los camiones del aseo urbano para incinerarla, cosa que también se hacía en las casas con patios o solares grandes. No se clasificaba para ser reusada, por lo tanto el vidrio, el plástico, el papel, pelaje, plumas, cenizas y todo lo demás que se considerara desperdicio, se iba mezclado hasta su destino final, la hoguera en el vertedero mayor, y con eso también éramos antiecológicos y no lo sabíamos. Las bolsas del supermercado eran plásticas y full resistentes, casi imposibles de destruir. Podías meter lo que se te antojara porque la bolsita te lo aguantaba todo. Ahora están hechas con salivita, no resisten más de tres cositas, y si esos productos superan su capacidad de aguante, se le abre un boquete sin aviso y sin protesto y lo que se quebró, pues en el piso quedó, todo porque ahora las bolsas son hipermegasúperultra biodegradables, pero nada seguras. A pesar del uso tan básico que se le daba a la basura, la conciencia del ciudadano tendía a ser más protectora de su medio ambiente que ahora, porque antes se nos enseñaba desde niños que para cada cosa había un lugar, y los desperdicios no eran la excepción.

No estoy en contra del movimiento pro-Tierra y mucho menos del reciclaje, todo lo contrario. Yo misma lo practico a menudo y mis desperdicios son estrictamente los necesarios. Enseñé a mis hijos a no ensuciar las calles, a no contaminar las aguas y a que respetaran a todo ser vivo que se les atravesara, pero la verdad es que un solo palo no hace montaña y ellos están heredando una biosfera totalmente destruida por causa de agentes más tóxicos que una laca para el cabello o una bolsa plástica indestructible que desde hace cuarenta o cincuenta años, sigue sin degradarse. Pienso que por ignorancia, antes no cuidábamos tanto de nuestro planeta, pero hoy, cuando tenemos acceso a tanta información preventiva y correctiva al respecto, Mamá Tierra está peor. La conciencia de antes no es como la de ahora, pero, era más efectiva, ¿y saben por qué? Porque no eramos tan egoístas y nos sabíamos parte INTEGRANTE de un hábitat, no sus dioses. El hombre perdió el control de su esencia cuando se creyó dueño del mundo y cocreador del mismo, y su idea errática de evolución, poco a poco nos va resultando inversamente proporcional a lo que en realidad se desea, que es un mundo mejor.

Aprovechar los recursos que la madre naturaleza nos da, no nos puede convertir en verdugos. No seamos malagradecidos. Por algo la vida aquí es posible, entonces seamos respetuosos y busquemos que esta fecha sea de verdadera celebración, todos los días.

POR: TICA.

 

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